Club de Lectura para Psicólogos: Amor Perdurable

¿El amor sólo es eterno cuando es fruto de la locura?

 

Reflexionar sobre un libro es uno de los grandes placeres de un club de lectura. Regresar sobre las ideas que propone el autor de una novela, repensar sus parábolas, debatir algunos de los deliciosos fragmentos que van salpicando toda la trama de un libro. Quizá la pandemia por el coronavirus nos impida reunirnos en el Club de Lectura para Psicólogos y poder disfrutar del placer de realizar estas reflexiones, mirándonos a los ojos y compartiendo un café, como hemos hecho otros años; pero el virus no puede impedir que continuemos amando la lectura. Por eso, desde la Librería Mayo vamos a intentar dar continuidad virtual al Club de Lectura para Psicólogos en este inicio de curso 2020-2021.

Aquí tenéis nuestra primera sugerencia: Amor Perdurable, de Ian McEwan.

 Joe y Clarissa son una pareja feliz. Él se dedica a escribir sobre temas científicos, tras haber abandonado la investigación; ella es una profesora de literatura inglesa que regresa a Inglaterra tras un breve período de investigación en Harvard. Joe ha ido a esperarla al aeropuerto, y desde allí han marchado directamente a los verdes prados de las colinas de Chiltern, a un delicioso almuerzo campestre que aúna los refinados placeres del vino francés, la naturaleza y el reencuentro amoroso. Pero en medio de aquel sensato y civilizado paraíso, y casi sin que ellos se den cuenta, se introducirá una serpiente, inesperada e inocente, pero no por ello menos terrible.

Con este sugerente argumento, el autor de la novela, Ian McEwan, nos invita a reflexionar sobre las cualidades del amor, sobre la culpa y la pérdida de la inocencia, sobre la fe y el perdón, sobre la comunicación y la soledad… ¿Qué psicólogo amante de la lectura puede resistir la tentación de abrir una novela que habla sobre semejantes pasiones humanas? Pues, para quien aún necesite algún otro motivo para comenzar esta lectura vamos a añadir un síndrome psicopatológico sobre el que leer: la erotomanía o síndrome de Clérambault.

 

Los signos del amor pueden ser frágiles, sutiles, evanescentes, como una mirada o una sonrisa que se demora. Son inciertos, como la propia naturaleza del amor. Despiertan el orgullo, el deseo, la esperanza; pero necesariamente han de basarse en la fe, en la confianza, en la comunicación, para que el amor entre dos personas perdure y resista los avatares de la vida. “Él o ella me ama” dice el erotómano, sin espacio para la incertidumbre. Su discurso interno no es “yo estoy enamorado de él o de ella” sino que parte de la creencia delirante, irrefutable a toda evidencia, del amor de la otra persona por uno mismo. La realidad, con sus señales, no sirve más que para confirmar lo que el erotómano ya sabe. Es un amor infinito, ajeno a las dificultades de las relaciones humanas, perdurable en el tiempo; pero también patológico, solitario, autista.

De Clerambault, citado en la novela por Ian McEwan, relataba en su tiempo el delirio erotomaniaco de una mujer francesa, de cincuenta y tres años, que creía que el rey George V estaba enamorado de ella. Con insistencia lo persiguió desde el año 1918. En sus varios viajes a Londres, la mujer lo esperaba sin éxito frente al Palacio de Buckingham. No había desánimo posible en sus esperas porque ella sabía, sin lugar a la duda, que él había iniciado la relación. Le había hecho saber de su amor. Las señales de ese amor estaban presentes para ella: el rey movía las cortinas de palacio y así le hacía saber de su pasión. Sólo ella podía leer e interpretar estas señales; aunque la realidad intentase negar esta relación. Aunque De Clerambault también habló de la evolución de la esperanza al despecho y al rencor: “él me ama, es muy importante, todos lo saben, pero él nunca se entera de que yo le correspondo, me pone a prueba, nunca le llega mi aceptación a ese amor…él se ha equivocado, yo le tengo que salvar de su propio error”.

 

Para saber más sobre el Delirio Erotomaníaco de Clerámbault : El saber delirante, de Fernando Colina.

 

Pero volvamos al inicio de la novela Amor Perdurable donde Ian McEwan, en un extraordinario primer capítulo, sacude a sus protagonistas y a través de ellos a nosotros mismos, con un accidente, una parábola, que lo cambiará todo… ¿quizá para siempre?

Es un día ventoso para un idilio, pero por lo demás todo es maravilloso. Joe está a punto de abrir una botella de vino, un Daumas Gassac de 1987, especificado con tanto cuidado como si Joe fuera James Bond, cuando hay un grito, y Joe sale corriendo para ayudar a un hombre, en problemas con un globo aerostático. Las cuerdas enredadas, el ancla no logra sujetar el globo al terreno, y en la canasta se encuentra un niño asustado. Otros hombres también corren allí. El piloto del globo, el abuelo del niño, está en el suelo congelado de miedo. Cuando el globo se eleva con una ráfaga de viento, cinco hombres cuelgan de las cuerdas, su peso seguramente será suficiente para traerlo a tierra nuevamente en un momento. Entonces uno de ellos lo suelta. En cuestión de segundos, solo queda un hombre, no Joe, colgado, y se eleva unos noventa metros en el aire, sobre un valle inclinado. Cuando la fuerza en sus brazos se agota, se suelta y cae hacia su muerte.

Joe está ansioso por leer la lección de este evento, como si se refugiara en un artículo que podría haber escrito. “Puede que haya habido una vaga comunidad de propósitos, pero nunca fuimos un equipo. No hubo oportunidad, no hubo tiempo … Sé que si yo hubiera sido líder indiscutible la tragedia no habría sucedido. Más tarde escuché a algunos de los otros decir lo mismo sobre ellos mismos. Pero no hubo tiempo, no hubo oportunidad para mostrar la fuerza del carácter…Colgados unos pocos pies por encima del acantilado de Chiltern, nuestro equipo representó el antiguo e irresoluble dilema de la moralidad: nosotros o yo”.

¿Y qué hay del hombre que aguantó y murió, mostró fuerza de carácter o simplemente una locura? La parábola deja dolorosamente clara no solo nuestra necesidad de los demás, sino también nuestra necesidad de tener fe en los demás, de confiar en que permanezcan con nosotros. Sólo creyendo y confiando los unos en los otros, todos aguantarán las cuerdas, y el globo se estabilizará. Si uno no cree, si uno suelta, el esfuerzo de los demás no servirá pues la empresa no perdurará. Aunque uno de ellos, ajeno a las señales de la realidad, quiera mantener agarrada la cuerda él solo. Una preciosa metáfora de lo que estará por venir en el libro.

 

En definitiva, una novela y un autor que se convierten por derecho propio en dignos candidatos para comenzar la temporada 2020-2021 del Club de Lectura para Psicólogos de la Librería Mayo…eso sí, este curso será online.

Un abrazo a todos,

 

Algunas páginas cargadas de reflexiones interesantes (de las que compartiríamos tomando café en el Club):

Cuando el amor enloquece: erotomanías.

Literatura y ciencia: polifonía de voces en Amor Perdurable de Ian McEwan.

When the Balloon goes up.

Amor Perdurable en El Buscalibros.

Gaëtan Gaitan de Clérambault.

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